Misiones LeeMinistro de Cultura y Educación
Lic. Hugo Passalacqua Subsecretaria de Educación CPN María Estela Derna Presidente del Consejo General de Educación Arq. Fernando Juan Dasso Directora Ejecutiva del Servicio Provincial de Enseñanza Privada Lic. Liliam Prytz Nilsson Directora General de Programación y Evaluación Educativa/ Coordinadora Técnica Provincial R.F.F.D.C. Prof. Graciela Rovira Referente del Plan Provincial de Lectura "Misiones Lee" Mgter.Claudia Mariana Santiago Capacitadores: Lic. Lidia Schöninger Prof. Alejandro Di Iorio Prof. Damián Prieto Asistente Técnico: Lic. Raquel Benchoff TemasEnlaces
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Los profesores y bibliotecarios como promotores del libro y la literaturaAlicia Almirón Esta ponencia se presenta bajo la forma de un ensayo teórico; como tal, se presenta con la estructura de un texto argumentativo, que busca en principio determinar distintas situaciones que pueden ser favorecedoras de la promoción del libro y la literatura, como también poner de relieve aquellas que, por el contrario, atentarían contra ese propósito. Comienza mi trabajo con una anécdota personal, en el sentido de la propia historia lectora, ilustrando de algún modo lo antedicho: "Como muchos de aquellos que disfrutamos con la lectura, me he hecho alguna vez la siguiente pregunta: ¿Cuáles fueron los libros que hicieron de mí una lectora entusiasta, aún desde muy temprana edad y han hecho que ese placer perdurara a lo largo del tiempo? Pensando en los años de la educación primaria, y buceando en los consabidos "libros de lectura", no he hallado en ellos más que la posibilidad instrumental de la misma, aunque algunos pudieran resultarme particularmente agradables por incluir en ellos una poesía o un cuento." (...) Continúa luego con una reivindicación del libro como soporte por excelencia de las obras literarias en todas las épocas y en todos los lugares. Una vez estatuido que es el libro, presente tanto en librerías como en las bibliotecas, es el que mejor puede dar a los niños y jóvenes el medio de acercarse a la literatura, se plantea el hecho de que su sola existencia no produce lectores. A partir de aquí he citado a autores como Michèle Petit, con su obra "Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura", Daniel Pennac, con su obra "Como una novela",así como algún fragmento de la obra "Discursos sobre la lectura", de Chartier y Hébrard. En todos ellos he encontrado algunos conceptos, así como su transmisión de algunas experiencias, relacionados con lo que los adultos, desde las instituciones, han hecho a través del tiempo y la historia escolar acerca de esta cuestión, la de la lectura, los libros, la literatura, de la forma en que se han ocupado de ello, para consignar luego la crítica, directa o indirecta, que los autores citados hacen de estas actitudes, así como las propuestas que consideran viables y deseables para generar "adeptos a los libros". "La antropóloga Michéle Petit, quien realizara interesantes investigaciones sobre la lectura en el medio rural y "sobre el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión", en su obra "Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura", cita a Betelheim, cuando dice que para sentir muchas ganas de leer un niño no necesitaba saber que la lectura le serviría más adelante, sino que "Debe estar convencido de que ésta le abrirá todo un mundo de experiencias maravillosas, disipará su ignorancia, lo ayudará a comprender el mundo y a dominar su destino." Según el mismo autor, debe sentir que en la literatura hay un "arte mágico", capaz de ofrecerle un poder misterioso." He tomado de Pennac sus experiencias como padre, narradas en su obra "Como una novela", quien les acercaba los libros a sus niños al leerles cuentos durante la noche, o como profesor, proveyéndolos de variadas obras literarias para su lectura en una forma totalmente libre, sin ningún condicionamiento, sin pedir nada a cambio, y cómo esto daba como resultado que se vencieran las barreras entre los libros y los jóvenes; hay una anécdota en la cual Pennac cuenta la ocasión en que, ante un grupo verdaderamente reacio a la lectura, comienza su clase de literatura leyendo la novela "El perfume" de Süskind, y cómo esos adolescentes podríamos decir, posmodernos, son ganados definitivamente para la lectura de novelas. He tratado de relacionar estas experiencias y conceptos que nos transmite Pennac, con algunas situaciones que otros profesores o adultos pudimos tener en nuestra tarea de "hacer leer" o "tratar de que los chicos lean", buscando desterrar algunos mitos y temores en torno a estos temas. Se habla entonces sobre cómo acercar a los jóvenes a la lectura, cómo se ha hecho tradicionalmente, cómo se ha dado esto en el caso de los profesores de secundaria. Se desarrollan, en ese sentido, algunas cuestiones: cuando se esgrime el cumplimiento de pautas programáticas condicionando las propuestas lectoras; o como puede suceder cuando, al momento de intentar realizar algunos cambios, no esté claro cómo encarar esta cuestión, cómo seleccionar el material, si es que hay que seleccionar.Se propone con énfasis que "hay que dar de leer", que los profesores y bibliotecarios deben y pueden oficiar como "mediadores" entre el libro, la literatura y losjóvenes. .Se destaca la cuestión de que justamente ese rol mediador hace que el centro de la atención sean los libros, la gran cantidad de literatura que puede ser ofrecida sin prejuicios, sin otra finalidad ulterior que no sea que los jóvenes se acerquen a los libros y a la literatura, que lean por el gusto de leer, de conocer las historias que les brindan los cuentos o novelas, que se deleiten o se emocionen con el poema. Llega el momento de responder a la pregunta formulada al principìo: ¿Qué puede hacer la escuela para la promoción del libro y la literatura? Se plantea entonces, en principio, la necesidad de reflexionar sobre esto, si realmente en la escuela, en la biblioteca, estamos haciendo algo, con esta perspectiva y no con un fin utilitario, sino solamente para que niños y jóvenes lean literatura. Se lanza, por lo tanto, la propuesta, de reforzar nuestro rol de promotores del libro yla literatura (desde la biblioteca escolar tanto en el nivel medio como en EGB, desde la biblioteca pública). Incluyo aquí algunas anécdotas, vividas por mí o por algún colega y que pueden ser similares a las de los escritores citados, que bien pueden ilustrar los conceptos que se han ido desarrollando y que aportan sustento a la tesis que se quiere formular: que desde las escuelas, tanto profesores como bibliotecarios, pueden cumplir un rol fundamental para el acercamiento del libro y la literatura a niños, jóvenes y adultos.
"LOS PROFESORES Y BIBLIOTECARIOS COMO PROMOTORES DEL LIBRO Y LA LITERATURA” "El psicoanalista Bruno Bettelheim decía que para sentir muchas ganas de leer un niño no necesitaba saber que la lectura le serviría más adelante." "Debe estar convencido de que ésta le abrirá todo un mundo de experiencias maravillosas, disipará su ignorancia, lo ayudará a comprender el mundo y a dominar su destino. Según él, debe sentir que en la literatura hay un 'arte mágico', capaz de ofrecerle un poder misterioso." Si pensamos en aquellas lecturas que nos han transportado a países exóticos o con las cuales hemos compartido las viscisitudes del héroe o la heroína, podemos convenir en que esa magia existe en los libros y se la podemos acercar a los niños y jóvenes. Ahora bien, si pensamos en nuestras clases de literatura, así como en el repertorio que ofrecemos a nuestros alumnos, ¿estamos seguros de poder decir que les estamos abriendo una puerta al mundo mágico y misterioso que habita en las páginas de los libros? Aún más, ¿podríamos afirmar que nuestra propuesta habrá de despertarles el gusto por la lectura de novelas, cuentos y poesías, al punto que se convertirán en lectores de textos literarios? Como muchos de aquellos que disfrutamos con la lectura, me he hecho alguna vez la siguiente pregunta: ¿Cuáles fueron los libros que hicieron de mí una lectora entusiasta, aún desde muy temprana edad y han hecho que ese placer perdurara a lo largo del tiempo? Pensando en los años de la educación primaria, y en los consabidos "libros de lectura", no he hallado en ellos más que la posibilidad instrumental de la misma, aunque algunos pudieran resultarme particularmente agradables por incluir en ellos una poesía o un cuento. De esta etapa recordé como muy atrayentes para mí, la lectura de libros de cuentos, como "El flautista de Hamelin", la historia de "Pinocho" o una versión, adaptada y troquelada, de "Barbazul"; pero fue con "Alicia en el País de las maravillas" que se abrió para mí el mágico mundo de la literatura. De la pre-adolescencia, vienen a mi mente las lecturas subterráneas, realizadas a la luz de una vela, cuando, enfrascada en las aventuras de Robinson Crusoe o en las viscisitudes de las Mujercitas, me obligaban a apagar la luz eléctrica. Ya en la época de mi educación secundaria, recordaba a mis profesores de Literatura de cuarto y quinto año, cuya propuesta pedagógica incluía largos cuestionarios sobre los libros leídos, y concluí en que, definitivamente, no fueron ellos los "culpables" de mi amor a la literatura. Sí lo fueron, indirectamente, mi profesora de inglés, al hablarme de Stevenson, de Kipling; o el texto de francés, que traía fragmentos de "Los Miserables", la grandiosa obra de Víctor Hugo. Daniel Pennac, escritor tanto de ensayos como de obras de literatura juvenil, en su obra "Como una novela", nos cuenta, a partir de la historia lectora de sus propios hijos, la forma en que se va dando, a través de la historia personal de un niño, luego adolescente, la interacción entre él, sus lecturas y las distintas actitudes de los adultos. Pennac nos va relatando como, "en los primeros años, los padres les damos a los más pequeños el placentero acercamiento al libro de cuentos a través de la narración del mismo, uno distinto cada noche y el niño se vuelve insaciable. En esos momentos, el adulto que lee, "es el libro", y el niño lo recibe con gusto. Pero al comenzar la escuela, "hay que leer", ya se transforma en una tarea, en un obligación, y hay que leer lo que el maestro pide". Una vez llegado a la pubertad, la consabida frase "Hay que leer", no será para el adolescente, según Pennac, nada más que una "petición de principios", es decir, él no leerá aunque los adultos les demos arengas y sermones al respecto. Conjuntamente con esa determinación de acciones de los adultos hacia los más jóvenes, que pueden o no propiciar el gusto por la lectura, se nos plantea una interesante cuestión: ¿de qué manera, y en qué sentido, podemos hablar del libro y la promoción de la literatura? Comencemos por ubicar al libro y su situación en nuestra cultura. Durante siglos el libro ha sido el soporte por excelencia de las más variadas obras literarias. Con el avance tecnológico, se puso en duda la supervivencia del libro. Esta "muerte del libro", por suerte, no ha acontecido, sino por el contrario, aún ante la posibilidad de visualizar las páginas de un libro en una pantalla, nada ha podido reemplazar ese momento de gran intimidad, casi ritual, del encuentro entre el autor, su obra, y el lector, en el momento en que éste tiene al libro en sus manos, y lo va descubriendo, y lo va construyendo él también en su lectura. El libro, por lo tanto, continúa siendo valioso, para acercar a todos, niños, jóvenes yadultos, en cualquier lugar del mundo, a la lectura. Pero recordemos que aquí estamos tratando de un tipo específico de lectura, y no es la lectura instrumental, ni tampoco la lectura para el aprendizaje de una ciencia, es la lectura deliteratura. Es aquella obra que ha sido realizada con un fin estético, y que, cualquiera sea el género o la forma en que se presente, sea un cuento, novela o poema, su autor habrá utilizado el lenguaje poético y tenderá a producir, en quien la lea, el tipo de emoción que otra clase de obra no podría suscitar.Entonces están los libros, está la literatura en esos libros, pero la sola existencia de ellos, sea en los anaqueles de las librerías o en los estantes de las bibliotecas, no producirán automáticamente lectores de libros o "adeptos" a la literatura. Es en este punto donde entran a jugar las historias personales de lectura, las experiencias escolares y las acciones de los adultos, principalmente los docentes, que pueden o no, favorecer la adhesión a la literatura. Pennac enumera en su obra diez derechos que tendría el lector, como el derecho a saltarse páginas, el derecho a leer cualquier cosa o el derecho a no terminar un libro, pero todos ellos orientados, en su explicación, al fomento de la lectura, en tanto ésta no se dé en forma coercitiva. Nosotros, como docentes en los cursos, como bibliotecarios, tenemos el derecho y la obligación de proponer lecturas, de convertirnos en promotores de la literatura y los libros. Se trataría entonces de ejercer el derecho a leer y dar de leer. Leer por el solo gusto de leer, para disfrutar de la literatura; tanto para ingresar en ese mundo "mágico y misterioso" que ofrecen los libros, como para que su lectura nos ayude, a nosotros y a ellos, "a comprender el mundo y dominar nuestro destino." La antropóloga Michéle Petit, quien realizara interesantes investigaciones sobre la lectura en el medio rural, y "sobre el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión", en su obra "Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura nos dice que, muchos jóvenes, "no eran muy benevolentes con la escuela y solían decir que la escuela les había quitado el gusto por leer", sin embargo le llamaba la atención, el hecho de que esos mismos jóvenes, tan críticos hacia la escuela, siempre evocaban "un maestro que había sabido transmitirles su pasión, su curiosidad, su deseo de leer, de descubrir".Daniel Pennac destaca asimismo la importancia de que exista "un maestro", y, desde su rol de profesor, nos habla de su propia interacción con los alumnos, proveyéndolos de variadas obras literarias para su lectura, en una forma totalmente libre, sin condicionamientos, sin pedir nada a cambio, y el resultado era que se vencían las barreras entre los libros y los jóvenes. Hay una anécdota en la cual Pennac cuenta la ocasión en que, ante un grupo verdaderamente reacio a la lectura, él comenzó su clase de literatura leyendo la novela "El perfume" de Süskind, y cómo esos adolescentes, que podríamos ubicar en la posmodernidad, con todas las características que esto conlleva, son ganados definitivamente para la lectura. Michèle Petit habla de los "mediadores" entre los libros y los jóvenes, la autora toma, en principio, lo planteado también por Pennac acerca de los profesores que han hecho gustar de la literatura aún a los alumnos más reticentes. Para destacar luego lo que ella misma, desde su rol de investigadora ha observado: la importancia de la tarea del bibliotecario que tiene una actitud y un accionar concreto para "ofrecer literatura". Dice Petit: "No es la biblioteca o la escuela la que despierta el gusto por leer, por aprender, imaginar, descubrir. Es un maestro, un bibliotecario, que, llevado por su pasión, y por su deseo de compartirla, la transmite en una relación individualizada". (1) Y aquí es importante el inicio, pero también lo es, el acompañamiento en el recorrido; como diría la autora, no sólo "traspasar el umbral", sino que se pueda seguir avanzando. Y no es fácil, requiere dejar de lado, nuestros propios prejuicios, nuestras representaciones de lo que podemos o no podemos hacer, que no son más, en muchos casos, que la limitaciones que nosotros mismos nos ponemos. ¿Qué deberíamos hacer, entonces? Simplemente "dar de leer". Surge entonces la cuestión del repertorio ¿Qué debemos dar? Un repertorio variado, completo, de obras de distintos autores, de distintas épocas, géneros y estilos. Que la selección surja de aquellos mismos, a quienes van destinadas las lecturas. En "Discursos sobre la lectura", de Chartier y Hébrard, bajo el título "En busca de una biblioteca recreativa", se cuenta que un equipo del Ministerio de Instrucción Pública se proponía lograr un catálogo de libros destinados a la lectura recreativa, con la intención de que los jóvenes estudiantes, amasen el libro y no vieran a la lectura como algo meramente útil; sin embargo, al querer realizar los profesores la selección, nombrando cada uno las obras que elegirían, por el gusto que habían despertado en ellos, el resultado había sido sumamente dispar, citando unos a Balzac, Defoe o Dickens, así como otros a Walter Scott o a Prospère Mérimée. La mayoría había nombrado obras clásicas, y se planteaba entonces la duda de si, a las nuevas generaciones, estas lecturas podrían resultarles de interés, y, sobre todo, parecerles "recreativas". La selección del repertorio es otro tema a tener en cuenta. Una vez planteado un Proyecto de Lectura ¿quién debe elegir los títulos?: ¿La Institución, por su función orientadora y de supervisión del enfoque pedagógico de la Escuela , sus contenidos y proyectos? ¿El profesor desde su propio gusto, interés o ideología, en tanto ejecutor del Proyecto a desarrollar? ¿El bibliotecario, desde aquello que antes seleccionó para su biblioteca escolar? En el caso de los adultos docentes, lo ideal sería trabajar en equipo, para enriquecer el Proyecto de acercamiento de los jóvenes a la literatura. Pero ¿Por qué no dar una participación activa y de propia elección de los alumnos, a partir de una oferta variada?Veamos algún caso particular, en que la teoría se confronta con la práctica: no hace mucho tiempo, en mi rol de bibliotecaria escolar, una docente de quinto grado, al acercarme al aula para la realización de un Taller de Lectura, me comentó que les estaba leyendo a sus alumnos "Relato de un náufrago". Esto había surgido a partir de que los niños, al elegir los temas que iban a tratar, habían preferido hablar del mar y los viajes en barco; de allí que a la docente le pareció oportuno, llevar a la clase la obra de García Márquez. Confieso que el prejuicio inicial, que me hizo pensar como "difícil" dicha obra para los niños, dio paso a la alegría de compartir el entusiasmo con que ellos seguían la obra, en cada día de lectura compartida, en que pedían "seguir un poco más". Desde la Biblioteca Escolar, y habiendo desarrollado Talleres Narrativos, Proyectos Lectores como "Los Chicos Bibliotecarios te invitan a leer", formación de Bibliotecas de Aula, etc., son muchas las anécdotas y sería largo de contar aquí, pero todas han dejado la satisfacción, de que los chicos comienzan a gustar de la literatura, e inician un camino de nuevas lecturas. Que los niños y jóvenes puedan leer tanto a los clásicos como a los actuales; a los consagrados como a aquellos no tan conocidos, que por una u otra razón no han podido insertarse en lo que Bourdieu llamaba "el campo intelectual". Desde Chejov a Flaubert, desde Poe a Hoffman y por qué no, Kafka. Tanto Arlt como Borges; García Márquez, Tizón, o Rulfo; Cortázar, Onetti; pero también Felisberto Hernández o Amelia Jamilis; Rozenmacher, Rivera, y tantos otros más. Está claro que nombrando a algunos excluimos al resto, de allí la necesidad de estar abiertos a nuevas propuestas. ¿De qué manera acercar y hacer gustar los libros? Todas las formas de lectura son valiosas, pero hay una entre todas que muy especialmente hace a nuestros propósitos: es la lectura compartida, en voz alta , en la que el bibliotecario o el profesor leen para sus alumnos, le prestan su voz al texto, y los introducen en el tono de la obra. En un momento posterior tal vez sean los alumnos quienes lean para el resto.Veamos el Derecho del Lector Nº 9, enunciado por Daniel Pennac(2), y citado por la Profesora Elisa Boland, en su trabajo para el Programa Lazos de Lectura: El hombre que lee de viva voz se expone de manera absoluta a los ojos que lo escuchan. Si lee de verdad, si pone en ello su saber y domina su placer, si su lectura es un acto de simpatía con el auditorio, tanto como con el texto y su autor, si logra que se oiga su necesidad de escribir y despierta nuestra más oscura necesidad de comprender, entonces los libros se abren de par en par, y la muchedumbre de aquellos que se creían excluidos de la lectura se precipita tras él. NOTAS: (1) Petit, Michéle, Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999(2) Pennac, Daniel, Como una novela, Norma, Buenos Aires, 2001 BIBLIOGRAFÍA: Petit, Michéle, Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999 Pennac, Daniel, Como una novela, Norma, Buenos Aires, 2001Chartier, A.M:, Hébrard, J., Discursos sobre la lectura: (1880-1980), Gedisa, Barcelona, 1998 Creando Lazos de Lectura, Módulo para Capacitadores del Programa Nacional de capacitación de coordinadores y animadores en actividades de promoción de la lectura, CONABIP- Secretaría de Cultura y Comunicación , Año 2001Comentarios » Ir a formulario |
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